{"id":4407,"date":"2019-05-01T19:21:00","date_gmt":"2019-05-01T19:21:00","guid":{"rendered":"https:\/\/raval.es\/elx\/?p=4407"},"modified":"2020-11-01T19:25:40","modified_gmt":"2020-11-01T19:25:40","slug":"recuerdo-adrian","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/raval.es\/elx\/recuerdo-adrian\/","title":{"rendered":"El recuerdo envenenado (Adrian E. Belmonte)"},"content":{"rendered":"<div id=\"fb-root\"><\/div>\n<p>Postrada en la cama, con los p\u00e1rpados cerrados, record\u00f3 que la hab\u00edan envenenado. De repente, escuch\u00f3 c\u00f3mo alguien requer\u00eda su atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Abri\u00f3 los ojos y vio a una chica sonriente y a un hombre de semblante sombr\u00edo. Teresa entendi\u00f3 esa expresi\u00f3n como la certeza de haber sido intoxicados por id\u00e9ntica ponzo\u00f1a, estaba convencida de ello. Si aquellas dos personas colaboraban podr\u00edan salvarse los tres, porque sab\u00eda c\u00f3mo hacerlo.<\/p>\n<p>Teresa les hostig\u00f3 para que bajasen a la farmacia y comprasen un em\u00e9tico porque ella, impedida como estaba, era incapaz de hacerlo. Les explic\u00f3 que hab\u00eda buscado en la despensa la garrafa de vino purgante, pero estaba vac\u00eda dado que ella nunca beb\u00eda, solo lo acopiaba para eventuales invitados. No obstante, como nadie la visitaba, hab\u00eda descuidado restituir dicha bebida.<\/p>\n<p>Ninguno de ellos parec\u00eda comprender lo que les explicaba. Entonces fue consciente de su error: hab\u00eda omitido advertirles que no hab\u00eda localizado en la rambla del Vinalop\u00f3 esas flores de p\u00e9talos largos, cuyo nombre no recordaba, que tambi\u00e9n habr\u00edan servido para su prop\u00f3sito. Como viv\u00eda tan pr\u00f3xima a la Plaza de San Juan, el cauce no se encontraba lejos, con lo cual pod\u00edan acercarse a recoger dichos brotes. Era una de las ventajas de morar en aquella zona del Raval: tanto el r\u00edo como la Iglesia de San Juan, en la que se hab\u00eda casado, se encontraban a tiro de piedra. Empero, ambos desconocidos segu\u00edan contempl\u00e1ndola con desconcierto. Dado que no aparentaban estar demasiado dispuestos a recolectar plantas, persever\u00f3 en que acudiesen al dispensario a por el remedio encomendado.<\/p>\n<p>Los dos extra\u00f1os se miraron confusos. La chica le dedic\u00f3 entonces una t\u00edmida sonrisa que, en realidad, denotaba m\u00e1s aflicci\u00f3n que alegr\u00eda. A continuaci\u00f3n, el hombre, como iluminado por una revelaci\u00f3n fulminante, se dirigi\u00f3 por primera vez a Teresa y le inform\u00f3 de una funesta noticia: la farmacia estaba cerrada. Result\u00f3 un tremendo mazazo para la anciana, mas insisti\u00f3: deb\u00eda existir alg\u00fan boticario de guardia. Recibi\u00f3 una nueva decepci\u00f3n: s\u00ed, lo hab\u00eda, pero demasiado lejos de all\u00ed.<\/p>\n<p>Esas dos personas no parec\u00edan entender que les iba en juego la vida. De hecho, no parec\u00edan entender nada de lo que les estaba diciendo.<\/p>\n<p>Y no se equivocaba. Baj\u00f3 los p\u00e1rpados y se evadi\u00f3 de la escena, deambulando con parsimonia entre pensamientos difusos, hasta que su mente qued\u00f3 en blanco.<\/p>\n<p>De repente, record\u00f3 que la hab\u00edan envenenado. Abri\u00f3 los ojos y se top\u00f3 con un hombre y una mujer, tambi\u00e9n afectados por el mismo mal. Era su oportunidad: ellos pod\u00edan partir hacia la farmacia y conseguir medicamentos que eliminasen el t\u00f3sigo, por lo que les explic\u00f3 la situaci\u00f3n con toda la vehemencia que le fue posible reunir.<\/p>\n<p>Apenas se dio cuenta durante su alocuci\u00f3n de que su oyente masculino susurr\u00f3 a su acompa\u00f1ante una frase concisa, aunque saturada de inagotable desaz\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201cCree que la han envenenado&#8230;\u201d.<\/p>\n<p>La chica asinti\u00f3. Aguard\u00f3 a que Teresa concluyera y, acto seguido, emple\u00f3 con ella un tono audible y sereno.<\/p>\n<p>\u2013Tere, hemos hablado con el m\u00e9dico. Dice que, para disolver el veneno del est\u00f3mago, tienes que beber mucha agua. \u00bfQuieres una poquita?<\/p>\n<p>Teresa consinti\u00f3. \u00a1Por fin una buena noticia! Los labios de la joven se curvaron henchidos de satisfacci\u00f3n, tras lo cual march\u00f3 buscando el l\u00edquido prometido. La anciana cerr\u00f3 de nuevo los ojos, ajena a c\u00f3mo el hombre, que permanec\u00eda a su lado, la miraba. Cuando volvi\u00f3 a alzar los p\u00e1rpados, la muchacha, de vuelta, le acercaba la pajita que asomaba por encima de un vaso. Teresa acomod\u00f3 como buenamente pudo los labios y sorbi\u00f3 con todo el vigor que su languidez le permit\u00eda.<\/p>\n<p>Tras dos exiguos tragos decidi\u00f3 que era incapaz de beber m\u00e1s. A continuaci\u00f3n intent\u00f3 vomitar el veneno, pero la chica le record\u00f3 que para evitar la intoxicaci\u00f3n deb\u00eda retener el l\u00edquido ingerido, no expulsarlo. La joven se present\u00f3 y le pregunt\u00f3 si la reconoc\u00eda, y lo mismo hizo con el var\u00f3n. Teresa no les hab\u00eda visto nunca hasta aquel momento. Despu\u00e9s le hicieron preguntas sobre su familia, sus hermanas y sobrinos. Teresa les habl\u00f3 de su sobrina Lola, siempre malhumorada. De su sobrino V\u00edctor, guap\u00edsimo, rubio con los ojos azules. De otro de sus sobrinos, su favorito, al que m\u00e1s quer\u00eda aunque estuviese mal confesarlo, que la llamaba <em>perla <\/em>y nunca iba a visitarla. Las dos personas volvieron a presentarse, sin que sirviera de utilidad alguna. Teresa no conoc\u00eda a ninguno de ellos.<\/p>\n<p>De repente, record\u00f3 que la hab\u00edan envenenado. Por fortuna no estaba sola: cualquiera de los presentes pod\u00eda personarse en la farmacia y adquirir alg\u00fan jarabe capaz de hacerle expulsar la sustancia nociva. La se\u00f1orita, sosegada, le explic\u00f3 que el doctor le hab\u00eda prescrito beber agua para diluir el veneno. Le coloc\u00f3 entre los labios la pajita de un vaso que deb\u00eda haber dejado all\u00ed el m\u00e9dico mientras ella dorm\u00eda. Teresa desisti\u00f3 tras un exang\u00fce trago. Los m\u00fasculos de su garganta comparec\u00edan agotados, como si hubiese estado trasegando durante toda la tarde.<\/p>\n<p>El hombre situado al otro lado de su cama tom\u00f3 la palabra, y le habl\u00f3 de su familia. De su sobrina cascarrabias, de su sobrino el guapo, de su sobrino favorito. Teresa asent\u00eda: conoc\u00eda a todas las personas de las que hablaba. Entonces \u00e9l decidi\u00f3 identificarse, compeli\u00e9ndola a reconocerlo. La nonagenaria, como era obvio, nunca le hab\u00eda visto. El fulano, con aspecto macilento, guard\u00f3 silencio. La anciana volvi\u00f3 a bajar el tel\u00f3n de sus p\u00e1rpados.<\/p>\n<p>De repente, record\u00f3 que la hab\u00edan envenenado. De hecho, hab\u00edan envenenado a todos los concurrentes all\u00ed. Con notable agitaci\u00f3n advirti\u00f3 al resto del peligro, pero ninguno de ellos hizo adem\u00e1n de moverse. El hombre, capitulando, apart\u00f3 la mirada. La joven le dedic\u00f3 una apocada sonrisa, sin conseguir disimular su congoja.<\/p>\n<p>Claudicaron. La chica bes\u00f3 en la mejilla a la veterana mujer, y \u00e9l hizo lo propio. Dirigi\u00e9ndose hacia la puerta de la habitaci\u00f3n, ante la eterna cara de incomprensi\u00f3n de Teresa, el hombre le dedic\u00f3 unas \u00faltimas palabras.<\/p>\n<p>\u2013Vamos a la farmacia, <em>perla<\/em>. Volveremos pronto.<\/p>\n<p>Acto seguido, aquellos dos extra\u00f1os partieron. Teresa volvi\u00f3 a sellar su mirada, exhausta. Su mente se dispers\u00f3, alcanzando la nulidad de la conciencia. Minutos despu\u00e9s, se pregunt\u00f3 d\u00f3nde estaba. Iz\u00f3 los p\u00e1rpados y no reconoci\u00f3 la habitaci\u00f3n donde moraba.<\/p>\n<p>De repente, record\u00f3 que la hab\u00edan envenenado. Alguien deb\u00eda acudir de inmediato a la farmacia, pero nadie aparecer\u00eda para auxiliarla. Sobreviv\u00eda sola en aquella alcoba desde hac\u00eda m\u00e1s tiempo del que era capaz de evocar.<\/p>\n<p>Jam\u00e1s nadie la hab\u00eda visitado all\u00ed.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Postrada en la cama, con los p\u00e1rpados cerrados, record\u00f3 que la hab\u00edan envenenado. De repente, escuch\u00f3 c\u00f3mo alguien requer\u00eda su atenci\u00f3n. Abri\u00f3 los ojos y vio a una chica sonriente y a un hombre de semblante sombr\u00edo. Teresa entendi\u00f3 esa expresi\u00f3n como la certeza de haber sido intoxicados por id\u00e9ntica ponzo\u00f1a, estaba convencida de ello. 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