{"id":4894,"date":"2021-07-14T19:32:49","date_gmt":"2021-07-14T19:32:49","guid":{"rendered":"https:\/\/raval.es\/elx\/?p=4894"},"modified":"2021-09-19T13:20:40","modified_gmt":"2021-09-19T13:20:40","slug":"desdebalcon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/raval.es\/elx\/desdebalcon\/","title":{"rendered":"Desde el Balc\u00f3n (Lola Obrero)"},"content":{"rendered":"<div id=\"fb-root\"><\/div>\n<p>La casa permanec\u00eda cerrada a cal y canto desde hac\u00eda muchos a\u00f1os. El tiempo y el abandono hab\u00edan obrado para mal en ese edificio de dos plantas de la calle <em>Rector,<\/em> deterior\u00e1ndolo, como a otros muchos del barrio. En la actualidad se ve\u00eda muy da\u00f1ado, viejo, calamitoso\u2026 desconchada su fachada, y desvencijadas sus puertas y ventanas; su estropeado aspecto se mostraba triste y aciago, era como un anciano que, habiendo soportado mil y un avatares en su larga vida, se ergu\u00eda ya con dificultad, pero superando a\u00fan la fuerza de la gravedad, que lo atra\u00eda hacia el suelo, y asumiendo al fin que la batalla estaba perdida.<\/p>\n<p>Era evidente que la vieja ca\u00f1er\u00eda que bajaba ruinosa desde el canal\u00f3n del alero del destrozado tejado, en breve se estampar\u00eda contra el asfalto, cayendo vencida, como un hidalgo caballero derrotado en un torneo medieval. El \u00fanico balc\u00f3n, a malas penas se manten\u00eda firme. El hierro forjado de su baranda trasmit\u00eda a\u00fan, sin embargo, despu\u00e9s de un siglo de existencia, la esmerada y detallista factura del herrero, as\u00ed como el buen gusto de sus due\u00f1os.<\/p>\n<p>Sin embargo, ella lo mira de reojo cuando que pasa por la calle, triste y avergonzada a la vez, recordando sus d\u00edas pasados, sin querer ser reconocida por \u00e9l, como si de una persona se tratase. Porque seguro que lo hace. La reconoce. Y con su mirada le suplica que no lo derriben. Que haga algo. Que no lo deje morir.<\/p>\n<p>Hoy, como en las otras ocasiones, le ocurre lo mismo, un p\u00e1lpito le acelera el pulso, la emoci\u00f3n embarga su \u00e1nimo. El edificio conserva a\u00fan para ella, el h\u00e1lito de vida que anta\u00f1o la mantuvo feliz. Porque entre el decr\u00e9pito edificio y ella, existe una relaci\u00f3n lejana. Un v\u00ednculo que los une para siempre\u2026<\/p>\n<p>Y cree que desde el balc\u00f3n la observa con ojos antiguos; ahora a las dos, discretamente, y le refresca as\u00ed la memoria de una ingenua e ilusionada etapa de su vida.<\/p>\n<p>Pero <em>Elisa <\/em>sabe que pronto no estar\u00e1 ah\u00ed, esper\u00e1ndola a que ella circule a diario por delante, a lo largo de su estrecha acera, cogiendo de la mano a su peque\u00f1a, de vuelta del colegio. La demolici\u00f3n es inminente. Un cartel as\u00ed lo indica. <em>\u201cEl<\/em> <em>edificio<\/em> <em>amenaza<\/em> <em>ruina.<\/em> <em>Es peligroso para los viandantes\u2026 es necesario derribarlo\u2026 Definitivamente se impone la nueva construcci\u00f3n fr\u00eda, gris,<\/em> <em>minimalista\u2026\u201d<\/em> Esa noche <em>Elisa <\/em>sue\u00f1a con \u00e9l, con su irremediable situaci\u00f3n.<\/p>\n<p><em>\u201cCada<\/em> <em>d\u00eda que pasa, cuenta en su contra\u201d- <\/em>piensa para sus adentros. Un d\u00eda m\u00e1s\u2026 es un d\u00eda menos de historia viva. De su propia historia y la de tanta otra gente\u2026 en un barrio singular. Y cuando llega a su casa, un piso con todos los adelantos, y las comodidades modernas, sigue pensando en \u00e9l por un rato, y en sus antiguos habitantes, hasta que su hija le obliga a prestarle toda su atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Entonces se acerca al teclado de su piano\u2026 \u00a0y recuerda\u2026<\/p>\n<p>La ma\u00f1ana hab\u00eda comenzado calurosa como de costumbre en agosto. A las diez el sol hac\u00eda ya valer toda su fuerza. <em>Elisa <\/em>hab\u00eda escogido una blusa blanca de batista perforada, con volante en la pechera con manguitas de farol, y una falda de mucho vuelo, en azul turquesa, que hab\u00eda planchado el d\u00eda anterior. A sus diecis\u00e9is a\u00f1os y su esbelta figura, todo le favorec\u00eda. Se despidi\u00f3 de sus padres, al tiempo que cog\u00eda un gran cesto de mimbre lleno de huevos. Sali\u00f3 a la calle resuelta, casi vertiginosa, lo que le hizo llevarse una rega\u00f1ina por parte de su madre, dado el fr\u00e1gil material que portaba.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0 No tardes. No te embobes, nena. Lleva cuidado con los huevos, y no pierdas el dinero que te den- Era lo de todos los viernes. Se sab\u00eda de memoria lo que su madre le iba a decir.<br \/>\n&#8211; Claro, claro. Bien, no te preocupes mam\u00e1. No ir\u00e9 saltando\u2026 descuida\u2026 Y no har\u00e9 ninguna tortilla.<\/p>\n<p>Conoc\u00eda su tarea. Era la encargada de vender los huevos, cada semana, reparti\u00e9ndolos por las casas del barrio del <em>Raval. <\/em>Otros d\u00edas lo era su madre.<\/p>\n<p>Desde su casa en la calle de <em>Portes Tafulles, <\/em>sal\u00eda hacia la de <em>La Mare de D\u00e9u<\/em> <em>de L\u00b4Assumpci\u00f3, <\/em>una de las m\u00e1s importantes, sino la m\u00e1s, por ser la dedicada a la Patrona de la ciudad; despu\u00e9s sub\u00eda hacia la estrecha y recta calle <em>Esp\u00ed,<\/em> atravesando por <em>Sant Roc, y <\/em>pasando por la de la <em>Mare de D\u00e9u de la Soledat.<\/em> Desde ah\u00ed avanzaba por otras, menos transitadas, a veces en zigzag, hasta llegar a la calle <em>Rector. <\/em>All\u00ed se deten\u00eda siempre un rato, para, si ten\u00eda suerte, o\u00edr la melod\u00eda de un piano. Otras veces el recorrido era m\u00e1s largo, acerc\u00e1ndose hasta las inmediaciones de la <em>Parroquia de San Juan, <\/em>y la calle <em>\u00c1ngel, <\/em>al final del barrio. Y ya de vuelta a casa, a lo largo de la <em>calle de San Juan, <\/em>pasando por la <em>Pla\u00e7a Major<\/em> <em>del Raval <\/em>y siguiendo recto por la calle <em>Major.<\/em><\/p>\n<p>Al torcer la esquina de la calle Fossar, lo oy\u00f3. Entonces apresur\u00f3 el paso. El sonido de los acordes del piano se pod\u00eda escuchar un poco desde all\u00ed. Al llegar frente al balc\u00f3n, se par\u00f3 en seco, apreciando ya con toda claridad la dulce melod\u00eda que sal\u00eda, gracias a las puertas abiertas del balc\u00f3n.<\/p>\n<p>Esta vez era el profesor quien tocaba al piano una sonata de <em>Beethoven:<\/em> <em>\u201cEs<\/em> <em>la<\/em> <em>n\u00famero<\/em> <em>5, Opus 10\u201d, <\/em>le oy\u00f3 decirles a sus alumnos, -dos adolescentes de trece y quince a\u00f1os, hijos de una familia acomodada del centro de la ciudad- para que apreciaran c\u00f3mo se deb\u00eda hacer correctamente. Aun sin ver los delicados dedos del pianista suspendidos cadenciosamente sobre el teclado, a ella le pareci\u00f3 sublime. A continuaci\u00f3n, el breve recital sigui\u00f3 con una de sus preferidas, una pieza de <em>Chopin:<\/em> <em>\u201cEl<\/em> <em>Estudio<\/em> <em>en<\/em> <em>Mi<\/em> <em>Mayor\u201d,<\/em> les coment\u00f3 esta vez a sus pupilos, antes de ejecutarla con extremada delicadeza. <em>Elisa<\/em> permanec\u00eda inm\u00f3vil, escuchando con deleite toda la m\u00fasica que volaba primorosamente hasta sus o\u00eddos.<\/p>\n<p>Los chicos acud\u00edan dos d\u00edas por semana al piso-estudio del viejo profesor, <em>Don<\/em><em> Federico Leal<\/em>. All\u00ed viv\u00eda solo, pues era soltero y apenas ten\u00eda familia en su <em>Guadalajara <\/em>natal, a la que s\u00f3lo a\u00f1oraba en verano, pues llevaba mal los calores ilicitanos. Una escasa pensi\u00f3n de maestro jubilado era todo lo que ten\u00eda para subsistir, as\u00ed que le eran del todo imprescindibles las clases de piano, cosa que, por otro lado, le complac\u00edan mucho.<\/p>\n<p>-Y ahora os toca a vosotros, demostradme lo que hab\u00e9is aprendido. Vamos, tocaremos para finalizar <em>\u201cPara Elisa\u201d, <\/em>a cuatro manos.<\/p>\n<p>No pod\u00eda creerlo. \u00bfHab\u00eda escuchado bien? Era su nombre. El coraz\u00f3n le dio un salto. El rubor le subi\u00f3 r\u00e1pidamente por la cara, hasta ponerse roja como un tomate\u2026 pero no pudo moverse. Sigui\u00f3 all\u00ed de pie, inm\u00f3vil, agarrando fuerte la cesta, ya casi vac\u00eda, hasta que la armoniosa melod\u00eda ces\u00f3.<\/p>\n<p>De \u00a0vuelta \u00a0a \u00a0casa \u00a0intentaba \u00a0recordar, \u00a0tarareando, \u00a0la \u00a0delicada \u00a0<em>Bagatela \u00a0<\/em>del <em>Maestro Beethoven. <\/em>Decidi\u00f3 que volver\u00eda el siguiente viernes, a la misma hora.<\/p>\n<p>As\u00ed suceder\u00eda durante todo el verano.<\/p>\n<p>Una de las veces, justo despu\u00e9s de marcharse los principiantes, y ella misma, <em>Don Federico<\/em> sali\u00f3 precipitado al balc\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bfTe gustar\u00eda aprender a tocar el piano, chiquilla? &#8211; le pregunt\u00f3 apoy\u00e1ndose en la bella filigrana de hierro. Seguro que disfrutar\u00e1s\u2026 porque ya veo que te gusta la m\u00fasica. Cuando lo decidas, ven a verme\u2026 Yo soy <em>Federico.<\/em> Y t\u00fa\u2026 \u00bfC\u00f3mo te llamas?<\/p>\n<p>Desde aquel d\u00eda hab\u00edan transcurrido muchos otros, de agradables ma\u00f1anas de s\u00e1bado aprendiendo a tocar <em>\u201cel m\u00e1s bello instrumento musical jam\u00e1s inventado\u2026 el piano forte\u201d, <\/em>seg\u00fan le explicaba el viejo profesor.<\/p>\n<p>El tiempo se le pasaba volando, estudiando solfeo, leyendo aquellos signos, ininteligibles al principio, para <em>Elisa<\/em>, pero que, con el tiempo, se convertir\u00edan en sus m\u00e1s \u00edntimos amigos. Y de ah\u00ed en una profesi\u00f3n.<\/p>\n<p><em>Federico <\/em>se hab\u00eda marchado ya de su casa, de su bonito balc\u00f3n, al que adornaba con floridas macetas. Una residencia de ancianos gozar\u00eda durante un tiempo de sus dotes e ingenio musicales, hasta que las fuerzas y la memoria le abandonaran definitivamente.<\/p>\n<p>Su cuidado piano, con todas sus partituras, y algunas fotos, que guardaba en una caja de lata, fueron lo \u00fanico que le dejaron llevarse. Pero no le hac\u00eda falta nada m\u00e1s.<\/p>\n<p><em>Elisa <\/em>piensa que nunca le ha agradecido lo bastante el inter\u00e9s y el cari\u00f1o que <em>Federico <\/em>deposit\u00f3 en ella desde que comenzaran las clases de piano, pues su vida cambi\u00f3 por completo desde entonces. Ser\u00eda su punto de partida hacia un futuro profesional. Lo piensa cada vez que toca con su hija la composici\u00f3n musical \u201c<em>Para<\/em><em> Elisa\u201d, <\/em>con \u00e1giles y bien aprendidos dedos, cada vez que van a visitarlo al asilo. Pero, sin embargo, \u00e9l lo sabe, conoce el sincero agradecimiento de la pianista, lo ha sabido desde el principio; y aunque ya no la reconozca en sus visitas a la residencia, el o\u00eddo no lo ha perdido a\u00fan. Sigue oyendo perfectamente todas las composiciones en su cabeza.<\/p>\n<p>Entonces ella toca la melod\u00eda\u2026 y \u00e9l la recuerda\u2026 desde el balc\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La casa permanec\u00eda cerrada a cal y canto desde hac\u00eda muchos a\u00f1os. El tiempo y el abandono hab\u00edan obrado para mal en ese edificio de dos plantas de la calle Rector, deterior\u00e1ndolo, como a otros muchos del barrio. 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