Jaume Pascual

La costumbre ancestral de los motes, sean tanto familiares como personales, es una tradición que prácticamente ha desapareciendo en nuestras ciudades modernas actuales. Se mantiene todavia en los pueblos pequeños y en la época de la juventud. Todos tenemos amigos de aquellos años que recordamos no por sus nombres si no por sus motes. Donde la costumbre de los motes si se mantiene todavía con arraigo y fuerza es dentro de la cultura y tradición del pueblo gitano. El mote nos trae reminiscencias de ese ya remoto y pasado de la humanidad anterior a la existencia de la familia: el clan.

Y es que el mote es algo mucho más grande que un nombre. El mote da rango y potestad. No es algo superfluo, banal y gratuito. Los motes los ponen los demás. Una historia siempre está detrás de ellos. El mote obedece a una razón muy concreta: un oficio, un hecho, una actividad, una desgracia, un rasgo corporal, una historia, una habilidad, una hazaña, un carácter…

ELS FILAORS / LOS HILADORES

Mi aguelo era «filaor». Tenia un taller de hilos y cordeles en la calle Labradores de Elche donde principalmente hacían todo tipo de cuerdas. En aquel Elche una buena cuerda de cañamo trenzada a mano era fudamental para muchas tareas. Durante unos años se ocupó de «la corda del Misteri», esa con la que la Virgen sube a los cielos y gracias a la cual el milagro se produce cada 15 de Agosto. Una responsabilidad importante.

De esta actividad artesanal viene el mote de mi familia: els Filaors. «¿Tu que eres xiquet? Soc Filaor.» Y ya quedabas inmediatamente ubicado. No hacían falta mas reseñas. Todos nos conociamos entonces.

Filaors, Herberos, Fiagueros, Ñatos, Reyets, Castaños, Mitxa Figa, Farfa, Llaques, Conills.. toda una colección de apodos familiares que en el barrio del Raval de Elche fueron la referencia vecinal de sus pobladores.